Star Trek: Strange New Worlds (T1) - Reseña sin spoilers

Reseña sin spoilers de la temporada 1 de "Star Trek: Strange New Worlds".



TEXTO ORIGINAL

Un nuevo comienzo. Una nueva serie que recomendar a los neófitos. ¡Por aquí también se puede empezar!

La 1ª temporada de Strange New Worlds me ha parecido el mejor Star Trek moderno de acción real. Una serie muy entretenida con unos logros técnicos impresionantes y un derroche de entusiasmo por parte del equipo artístico. ¿Por qué no hablé antes de ella? Porque yo también sé hacer hiatos.

No sé si es una apreciación justa decir que nos presentan bien a los personajes principales. Hay un montón de personajes que ya conocíamos desde hace décadas. No obstante, diré que son unas presentaciones excelentes porque son simpáticas para los neófitos y muy breves para los veteranos.


El mayor obstáculo a la hora de plasmar a un capitán Pike en sus mejores años procedía de una certeza que sabíamos desde su primera presentación televisada. Todos sabíamos que el capitán Kirk tomaría el mando de la Enterprise después de que Pike sufriera un accidente grave. Esto significaba que ninguna aventura de Pike tendría la emoción del riesgo. ¿Por qué preocuparse de un personaje que sabes que estará sano y salvo hasta diez años después? Fue imprescindible crear una narrativa de tragedia donde Pike también sabe su destino. De lo contrario, hubiera sido como aquel libro autopublicado del que sólo leí una página porque el protagonista empezaba a relatar sus aventuras siendo ya un anciano. Si no me gustan los cuentos de piratas, ¡imagínate los de piratas inmortales!


En los años 60, Star Trek bebía de conceptos que sólo conocían los lectores de revistas de cuentos de ciencia-ficción. Por eso la serie original marcó una influencia en otros medios; sobre todo el cine. Medio siglo después, el cine ya ha plasmado tantos conceptos revolucionarios que a veces tiene que suprimir algunos para que no parezca una copia. ¿Por qué John Carter de Marte parecía tan poco fantasiosa? ¡Porque George Lucas ya se había copiado todo lo bueno! Alex Kurtzman es como George Lucas, un eficiente productor que no tiene miedo de robar ideas.

La 3ª temporada de Discovery terminó a lo John Mclane, la 4ª en plan La llegada, y la temporada 2 de Picard ha sido una secuela de todo lo que les cabía en diez horas. En el caso de Strange New Worlds, este inicio es una versión mejorada de Ultimátum a la Tierra o El día que paralizaron la Tierra, que ya era un remake de la Pasión de Cristo. O sea, de Rey de reyes, con Jeffrey Hunter, el primer Pike.


Esta serie no trata de ocultar que es un esqueje de Discovery, pero a la vez tiene la gentileza de explicarte todo lo que tienes que saber de su temporada 2 para no obligarte a verla. ¡Gracias!


El protagonista de Strange New Worlds está viviendo una situación con la que muchas personas se pueden identificar en el 2022: pasa los días metido en casa viendo pelis que se sabe de memoria. La serie original de Star Trek tenía un episodio doble —The Menagerie— donde reciclaban el metraje del primer episodio piloto —The Cage—, inédito en aquellos tiempos. El diálogo sexista se lo saltaron, o sea que no es cánon; y aunque lo fuera, la serie actual lo enmienda de un modo ingenioso. En ese antiguo primer piloto, el capitán Pike decía que estaba pensando en dejar su carrera y volverse a su terruño para cabalgar todos los días. En esas encontramos a Pike: cabalgando, cabalgando y cabalgando.

Su situación me recuerda a la del capitán Kirk en su última peli. La Enterprise requería de su ayuda, pero él deseaba montar un poco más. La diferencia es que Kirk se encontraba en el Nexus, donde el tiempo no existe; y Pike está en Montana, donde te crece la barba. Por suerte, llega un tipo calvo para sacarlo de la indecisión: el almirante Robert April.

Siempre me pareció un personaje mítico. ¡El primer capitán de la Enterprise! No hay constancia de que Robert April haya vivido aventuras dignas de mención. Se le ve muy cómodo como almirante, así que seguramente su paso por el puente de mando fue una mera formalidad administrativa. Pero me sigue pareciendo una figura legendaria porque conozco su nombre desde los años 90. Me da emoción conocerlo por fin en su primera aparición en acción real.

No voy a mentir, me llamó la atención que el actor fuera negro, porque en los dibujos era un tipo blanco de pelo blanco. Pero no me molesta el cambio porque La serie animada tuvo como director a un señor daltónico; lo que significa que los eventos de La serie animada son todo lo canónicos que tú quieras, pero los colores no. La única razón por la que en los años 70 el abuelo April era blanco es porque no tenían dinero y Scotty doblaba a todos los secundarios. Si 50 años después Star Trek tiene dinero para contratar al mejor actor posible, ¡yo lo agradezco! ¡Imagínate que hubieran dado el papel a un senador de Georgia!

Tengo otra razón por la que creo que la elección de reparto para April es perfecta. Pike ha estado mucho tiempo suspenso en medio de la nada; corriendo en una blancura que no permite distinguir la tierra del cielo. Él no va a poder avanzar mientras siga corriendo en el vacío, y eso lo cambia la figura que permite el contraste. La representación del destino de Pike necesitaba estar interpretada por Adrian Holms. Adrian Holms interpreta en Bel Air —la nueva versión dramática de El príncipe de Bel-Air— al juez Philip Banks, una de las figuras paternas más prominentes de la historia de la TV. Lo digo sin ironía: esta elección de reparto es un milagro.


La presentación del joven Spock está construida para marcar sus diferencias con su capitán actual. Si Pike desayuna con una amiga con derecho a roce, Spock cena con su prometida en matrimonio. Si Pike se niega a irse del cortijo y tiene que venir un almirante a sacarlo a rastras, Spock dice a todo que sí e incluso accede a besar a T'Pring en público.

La cultura vulcana está basada en la filosofía de Surak, que apostaba por trascender la identificación con las propias emociones. Esto se entendió mal con el paso de los siglos y lo acabaron imponiendo como una represión de los sentimientos. Es lógico que los vulcanos vean las demostraciones públicas de afecto como una ofensa: «¡mira ese, que no se reprime!».

Me hace gracia cómo muchos fans del colectivo gay criticaron el plano de Spock besando a T'Pring porque creían que los showrunners les habían negado su futuro shipping con Kirk. Sin embargo, aunque yo no sea la persona más indicada para opinar sobre esto, creo que el hecho de que Spock sea expulsado de una terracita por besar a su pareja es lo más representativo de la experiencia gay cotidiana.


El personaje que cierra el triunvirato de este arranque de serie es la teniente La'an, de cuyo apellido no quiero acordarme. Su historia es terrorífica. El trauma del pasado de La'an se complementa con el trauma del futuro de Pike; y a lo largo del episodio cada cual tendrá que aprender cómo trabaja el otro.


En cuanto a la estructura argumental, toda la introducción recuerda a Star Trek: The Motion Picture, mientras que la trama central es una versión mejorada de The Day the Earth Stood Still, ambas películas dirigidas por Robert Wise.

El director del episodio —Akiva Goldsman— es muy aficionado a la reiteración de motivos centrales. En la 2ª temporada de Star Trek: Picard veías por todas partes cristales rotos. En Strange New Worlds vemos fuego.

Pike está destinado a ser quemado por el fuego de las radiaciones delta. El planeta de la semana está en camino de ser quemado por las bombas de curvatura. Y la Tierra fue quemada por la III Guerra Mundial. Todos estos fuegos son vistos como la muerte. Pike ve su futura discapacidad como la muerte del hombre que él siempre ha sido. No obstante, incluso en los casos más trágicos, Strange New Worlds presenta el fuego como algo tan temible como transformador. Incluso del fuego pueden crecer bosques.


El tema del fuego que cambia todo ya había sido empleado en Discovery, donde se dedica toda la 3ª temporada a hablar de «la Quema». Yo creo que la idea de «The Burn» vino de «The Roast» que sufrieron los guionistas por parte de los fans. Se nota que ya no quieren repetir el error de intercalar escenas dramáticas en mitad de las secuencias de acción, porque justo en el minuto 35 la teniente La'an está a punto de empezar a relatar su dramático pasado y Pike dice: «Luego.» Y gracias a aguardar a que se solucionen los problemas más urgentes, la acción es más acción y el drama es mejor drama. Cada cosa tiene su momento.


En el apartado visual, mi parte favorita es la secuencia de montaje del minuto 45:45, cuando muestran que el planeta Pantaloncitos Cortos va a evolucionar porque ya no hacen guerras y son amigos de los buenos. Me parece especialmente reseñable la transición final. Vemos lo que yo interpreto como tres representantes de cultos religiosos alzando una silueta de la nave Enterprise igual que se alzan las ostias consagradas en el rito católico. Es decir, se hace una comunión cósmica.

Hay un paralelismo con la transición al final del prólogo de Star Trek: Into Darkness, donde los monjes de Nibiru dibujan su nuevo símbolo sagrado en la arena y el dibujo de la nave funde a la nave de verdad. En Into Darkness, Kirk incumplía la Primera Directiva con un encuentro alienígena del segundo tipo y la Enterprise se convertía en una leyenda del pasado. En Strange New Worlds, Pike inclumple la Primera Directiva hasta el fondo con un encuentro del tercer tipo y la Enterprise se convierte en la prueba palpable del futuro. No obstante, la pequeña historia del prólogo de Into Darkness me sigue pareciendo más conmovedora; porque siento que con Pike nos han colado otra vez, —como en The Day the Earth Stood Still—, el mensaje de «pórtate bien porque yo tengo la vara más grande».


Lo mejor de todo es el regreso de los episodios autoconclusivos. En lugar de dedicar el final a meter con calzador un nuevo conflicto que nos fuerce a desear saber cómo sigue la semana que viene, se dedican los últimos minutos a atar cabos de la trama, lo que convierte el visionado en una experiencia satisfactoria. Y precisamente por esa satisfacción quieres volver a ver el programa la semana que viene.


Pasamos al episodio 2.

La tripulación de la Enterprise derrocha simpatía y todos trabajan muy bien juntos. La más divertida es Chapel, el más sabio es M'Benga... y quiero destacar a un personaje completamente nuevo y original que se llama Uhura. Y tú dirás: «¡Uhura no es nueva! ¡Lleva 60 años en el puente!» Ya, pero ¿con qué personalidad?

Para mí, Uhura nunca ha tenido apenas una identidad propia. Siempre fue «la telefonista». Su mayor importancia reside en su contexto histórico: fue un ejemplo inspirador para las minorías de la segunda mitad del siglo XX. Aparte de eso, la Uhura de Nichelle Nichols siempre se me ha hecho un poco aburrida. Cuando está en su puesto, se limita a trabajar. Cuando está en la misión de campo, se limita a asustarse. Cuando está en la cantina, canta porque Nichelle Nichols era cantante. Su momento más mítico es cuando Sulu borracho le dice: «Te protegeré, pálida virgen!» Y ella responde: «Perdona, ni lo uno ni lo otro.» ¡Y aquello fue improvisado!

O cuando en Star Trek III ayuda a robar la nave y no se la vuelve a ver hasta el final. Tienes que leerte la novelización para enterarte de todas las cosas importantes que hizo mientras los chicos estaban en el planeta Namek. Los momentos de Uhura de más emoción o de más esfuerzo nunca han aparecido en pantalla.

Y en las películas donde la interpreta Zoe Saldaña, Uhura no es más que un recurso de guion para forzar a Spock a expresar sus sentimientos con palabras. Por eso para mí la Uhura de Celia Rose Gooding es un personaje completamente nuevo.

¿Sabes? Si Uhura es nueva, ¡Chapel también!


Episodio 3.

En Ghosts of Ilyria, Spock y Pike se tienen que quedar aislados en un planeta misterioso para que el protagonismo se quede cerca de Number One. ¿Quién es la famosa Number One? Una profesional como la copa de un pino, que comparte muchas buenas aptitudes con el mismísimo James Kirk.


[Inserto de «Soy gitano» (Camarón de la Isla)]

# ¡A partirme la camisaaaaaa! #


El episodio 4, Memento Mori, tiene de todo. Uhura sigue su arco narrativo de «es que no sé si de verdad quiero estar en la flota». La'an sigue su arco dramático de «es que los Gorn son unos monstruos que dan mucho miedo». Y Pike tiene batallas de navecitas. ¿Qué más quieres?

Cuando se emitió, Memento Mori fue el episodio favorito de la mayoría de los espectadores, pero a mí no me emocionó porque no distinguía nada.

Una de las razones que me impiden entusiasmarme con los trek de acción real de Kurtzman es que usan una iluminación tan realista que siempre parece a punto de anochecer; es deprimente. En interiores, parece el turno delta. Y en planos espaciales, le añaden un montón de partículas de polvillo para refractar la luz cuando no hace falta. ¡Yo he visto The Orville! ¡Sé que los técnicos pueden iluminar bien!

Dicen que en la serie Enterprise los modelos 3D eran demasiado plasticosos. Y es cierto. Pero por lo menos tus ojos podían palpar esas texturas. Las naves de ahora son como salir como una chica que en todas las citas se pinta como los Kiss. Seguro que es muy bonita, pero nuestra relación se basará en que yo tengo que darle el beneficio de la duda.


El ecuador de la temporada, Spock Amok, es una comedia de enredos con Spock y su novia. Pero lo mejor es la subtrama intrascendente de la Number One y La'an, que se ponen a hacer tonterías por la nave.


El episodio 6, Lift Us Where Suffering Cannot Reach, yo no pude disfrutarlo porque me destriparon el final. No obstante, yo he revisionado en repetidas ocasiones ciertos episodios de Star Trek cuyos finales ya me sabía de memoria. Y dice bastante de la ejecución de una historia el hecho de que sólo la puedas disfrutar cuando no sabes qué va a pasar. Así que doy gracias al graciosillo que subió una foto a las redes antes de un tiempo prudencial, porque así pude ver el episodio 6 como lo que es: una copia de un cuento de 1973.


El episodio 7 tampoco me gustó porque a mí nunca me han gustado las historias de piratas. Es tan sencillo como eso; los piratas no me gustan, lo siento.

Sin embargo, me encantó la última secuencia porque da a entender que en el futuro reaprovecharán un elemento poco explorado de las películas.


Y llegamos a «El Reino Elisio», de Benny Russel. Una aventura cómica donde todo el reparto puede probar registros actorales diferentes. Es una pena que todos sean ahora personajes de fantasía de personalidades opuestas... excepto Hemmer y M'Benga. ¡Esos dos son los que quería ver con otros registros!


El jefe de ingeniería Hemmer está interpretado por un actor ciego, pero su personaje no es discapacitado porque tiene radar como Daredevil. Entonces, para justificar que siempre esté en un mismo sitio, lo han caracterizado como un tipo muy estricto.

HEMMER: «¡Si estoy en Ingeniería, estoy en Ingeniería! ¿Quién me ha apagado la luz? ¡Que no me trabajan los cadetes! ¿Me pasas la hortaliza o me pasas la hortaliza?»

Él es así. Hay que quererlo.


Y al Dr. M'Benga ya le tenía cariño desde la serie original. Es un personaje que se hace de querer. Dicho esto, a mí me gusta más doblado. En inglés tiene una voz muy gastada y no puedo evitar pensar: es el siglo XXIII, existen pastillas para regenerar riñones nuevos, ¿por qué M'Benga no se arregla la voz?

Yo lo achaco a las modas actuales de la técnica cinematográfica. En lugar de aprovechar el High Definition para mostrar paisajes fantásticos, dicen: «¡Pon más polvillo, que se vea como en la vida real!» Y en lugar de dejar a los actores proyectar la voz, les dicen: «¡Pero no hables alto, habla como en la vida real!» Y a lo mejor por eso el Dr. M'Benga habla bajito. Se le gasta la voz de tanto «realismo».


Muchos de los arcos argumentales se cierran en el penúltimo episodio: All Those Who Wonder. Una historia emocionante dirigida por el mejor director del trek moderno: Christopher J. Byrne.

A mí no me gustó porque estaba todo muy oscuro y hablaban en susurros. Me hubiera echado la siesta, pero las escenas de gore alienígena no me dejaban relajarme. Me atacó la misofonía, ahí todo lleno de vísceras que las oigo...


Finalmente, la temporada remata con mi episodio favorito: A Quality of Mercy, escrito otra vez por Akiva Goldsman. Akiva Goldsman vuelve a triunfar.

Visto desde la superficie, el episodio 10 no es más que un Canción de Navidad de Dickens. «¿Qué pasaría si el capitán Pike no se responsabilizase de su destino?» Pero hay mucho más que eso. Me parece un experimento interesante que no presenta consecuencias para el conjunto de la historia, pero supone un cambio de actitud en el protagonista.


Strange New Worlds muestra un progreso constante, un avance en la continuidad; en eso es superior a la serie original.

Las tramas se desarrollan en bloques independientes bien distribuidos a lo largo de la temporada; en eso es igual que Espacio Profundo 9.

Sin embargo, la fotografía es tan recargada que los momentos de comedia necesitan un toque de costumbrismo para funcionar; en eso están en desventaja ante Lower Decks.


Si quieres ver la mejor serie trekkie actual, ve The Orville. ¡The Orville, esa sí que es buena!

 

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