El ataúd del vampiro (1958): Reseña Rebañada
Reseña con spoilers de "El ataúd del vampiro" (Fernando Méndez, 1958).
TRANSCRIPCIÓN
Atención a estos planos: se ve al vampiro que está siguiendo a una joven incauta y va haciéndose más grande su sombra. Pero cuanto más se acerca, cuanto más se concreta... más pequeñito es.
Estos dos planos son literalmente lo que define a El ataúd del vampiro, la secuela de El vampiro, de 1957. La sacaron casi seguida, como El hijo de Kong (1933). Y para mí, solamente sirve para llevarla a una escuela de cinematografía y decirle a la gente de Iluminación: «¡Miren, así se hace!» Tiene un montón de planos que en cuestión de iluminación son espectaculares, pero el guión se cae a pedazos. Los personajes que tanto querías de la primera parte, te das cuenta de que viven una mentira.
El Dr. Enrique, el galán, resulta que es un tiparraco que anda ligandose a todas las enfermeras y a todas las pacientes. Uno se pregunta: ¿es que la pobre Martita se convirtió en enfermera porque el Dr. Enrique anduvo seduciéndola? ¿Va por ahí seduciendo nada más porque su clínica necesita enfermeras?
Otra cuestión. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Porque en México se tarda unos cuatro años en aprender y en licenciarse como enfermera. Pero luego aparte está lo que se llama «la enfermera empírica», que se formó en la universidad de la vida. Supongo que Martita es de esto.
A Martita, solamente le llaman Martita el Dr. Enrique (Saldívar) y una niña paciente que hay. Por lo demás, empiezan a llamarla Marta. Sale Marta haciéndonos un Will Smith: rodeada de los mejores bailarines del mundo para que ella parezca que también sabe bailar. Dice que va al ensayo general, pero parece que nada más haya ensayado una vez; normal, se ve. Ahora es una mujer. Ya no es una niña que grita, ahora es una mujer que se queda callada. ¿Por qué? ¡Porque ha vuelto el vampiro! Ha vuelto Germán Robles con frac.
Y ha vuelto porque había fallecido de aquella manera. Le habían clavado una estaca, pero... ¡han hecho un Blade 2! Se ha muerto fuera de plano, entonces en la segunda puede volver.
Y lo resucitan sacándole la estaca. Al final de la película, vuelven a estacarlo con una lanza. Es todo mucho más espectacular, con lanzas y material de tortura; es la parte más entretenida pero ¡qué exagerado!
Al final de la película, lo ensartan otra vez y se van. ¡Pero a los 5 minutos va a resucitar! En cuanto los policías le saquen la lanza va a volver a resucitar. No sé por qué no hicieron una tercera parte.
Y no hay mucho más que contar, es todo ejemplos de iluminación. Fotografía perfecta, todo muy controlado en lo técnico, pero no te merece la pena prestarle atención a los diálogos.
Uno de los personajes más queridos de la película original —la tía que murió y que no estaba muerta—, en esta película la matan de la manera más idiota, porque va y se esconde en una Dama de Nuremberg —debe ser que le gustaba mucho Iron Maiden— y se muere. Pero es que luego vuelven a abrir la Iron Maiden y sale un gato negro. Entonces tú piensas: «La tía que no murió, es que era Bruja, ¿no?» No te lo explican. Las partes más interesantes, no te las explican. El tipo que se parece al monstruo de Frankenstein al final no se muere.
Es un desperdicio continuo. Es mejor que creas en el mito de la película de El vampiro de 1957 y te quedes con ese buen recuerdo. No te acerques a El ataúd del vampiro. ¡Literalmente, no te acerques al ataúd del vampiro!
Pero es que además, esta película anula la crítica que tenía la original porque en la original los vampiros servían como una metáfora de los especuladores inmobiliarios, la nobleza que se aprovecha del pueblo rural... Entonces en esta película, ¿qué es lo que quiere el vampiro? Ya no quiere casas caras, el vampiro. Ni tampoco quiere resucitar a su pariente. ¡Ahora quiere casarse con Martita!
En fin, con esto ya te he ahorrado que la veas. Si te gustó mucho la de 1957, puedes volver a verla otra vez. No veas la secuela. No te merece la pena, vas a pensar que el personaje de Abel Salazar es un auténtico narcisista asqueroso. ¡Te va a matar un mito! No la veas.
¡A menos que tengas un bar! Si tienes un bar, puedes ponerla en la tele sin sonido y la dejas en bucle todo el día. Y así la gente ve cosas muy bonitas, porque la peli, para los ojos, es un caramelito.
Pero bueno, la primera es un clásico y esta es... El regreso de la momia.
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