ST: Lower Decks (T2) - Reseña sin spoilers
TEXTO ORIGINAL
(El episodio 4 es malo.)
El caso de Star Trek: Lower Decks es interesante. Al inicio me parecía que se alejaba radicalmente del espíritu de Gene Roddenberry; pero a día de hoy me parece la serie actual más cercana. No me parece mucho más alejada que La Serie Animada de los 70, y esa serie me gusta.
La temporada 1 de Lower Decks empezó mal; y para ejemplo, la 1ª escena de prólogo. Para cualquier trekkie, la visión de la pierna de Boimler abierta por un Bat'leth debería ser una visión de preocupación, de alarma y compasión. Pero este prólogo fue construido para dejarte claro que se supone que eso te debe causar risa.
Es decir, comenzaron con un humor basado en el choque; querían hacerse los malotes. No hace falta decir que en cuanto dejaron atrás ese humor pueril, pude disfrutar el resto de la temporada 1. Y la temporada 2 ha continuado por buen camino.
Estructura de la trama
Lower Decks tiene algo bueno que no tiene ninguna otra serie respaldada por Alex Kurtzman. Debido a que se permite ser una comedia de situación, los conflictos internos siempre son más importantes que los conflictos externos. Podríamos decir que los guiones combinan la fantasía desatada de La Serie Original con los elementos introvertidos de La Nueva Generación.
En su 2ª temporada, Lower Decks ha decidido experimentar con los vínculos personales entre los protagonistas. Esto ha alterado el statu quo que aprendimos en la temporada anterior, donde siempre tenías claro cuál era la trama principal y cuál la trama secundaria. Ahora, a veces no sabes distinguir la trama A de la trama B. Buena parte de las veces, la trama secundaria es apenas un eco de la principal. O sea, otros personajes reaccionando a lo mismo, en otra parte de la nave.
En estos casos, yo preferiría ver un planteamiento al estilo de Richard Matheson.
En 1966, el autor de Soy leyenda escribió para la serie original el episodio The Enemy Within (El propio enemigo). Su guion trataba acerca de un doble maligno de Kirk. La trama ya contaba con la trama de Kirk bueno y la de Kirk malo. ¿Para qué más? Sin embargo, los productores añadieron la subtrama de que Sulu pasaba frío. ¡Que no tiene nada que ver! Podrían haber embuchado ese conflicto cualquier otra semana. No servía más que para demorar el ritmo.
Creo que Lower Decks está intentando encontrar un punto equilibrado entre 3 planteamientos:
* Ejecutivos de TV.
* Larry David.
* Richard Matheson.
A veces tiran por el planteamiento Ejecutivos de TV: «¡Tú mete lo que te quepa! ¡La cuestión es reír!»
Otras veces siguen el planteamiento Seinfeld: todas las tramas del episodio conducen a un mismo fin. En el fondo, tratan un mismo tipo de conflicto desde aproximamientos opuestos o complementarios. Cuando hacen esto, están ofreciéndonos el mejor tipo de estructura imaginable para una comedia de situación.
Y algunas veces —con reservas— se acercan un poco al planteamiento Richard Matheson. ¡A un 70% como mucho! Porque si centras todas las escenas de un capítulo en una misma trama, no puedes hacer elipsis discretas. Tendrías que ir a publicidad después de cada secuencia.
Las referencias y guiños.
Disfruto el hecho de entender muchas referencias al pasado trekkie. O al menos, de que me suenen un poco. Como el caso de Sonya Gómez, que si la capitana Freeman no hubiera puesto énfasis en la voz al decir su nombre, se me habría pasado el cameo.
Pero por muchos guiños y referencias que me regalen, en ocasiones no siento que esta serie... de verdad / de veras / posta, sea Star Trek. Porque la mayoría de los personajes no se comportan como en The Next Generation, altruistas y elevados. No, más bien se comportan como norteamericanos del año 2020. Incluso concretaría, como señoras de mediana edad de la costa oeste norteamericana prepandemia. La mayoría de los personajes recurren constantemente a poner comillas con los dedos, a hacerse los ofendidos con melodrama, etc.
Cuando en la 2ª temporada de The Orville la teniente Keyali empezaba hablando como Paris Hilton, se me hizo molesto al oído. Pero no me hizo ruido en el conjunto de la historia porque The Orville no pertenece a Star Trek. Y Lower Decks sí. Algunas veces, más que tripulantes de la Flota Estelar, los lowerdeckers me recuerdan a aquella señora bajorana que de vez en cuando visitaba Espacio Profundo 9 para contar el chisme.
Al final, parece que los mayores enemigos de la Federación no eran los cardasianos, sino las Kardashian.
¡Calma! Aquí vienen al rescate Rutherford y Tendi, dos dulces y tiernos rollitos de canela. Son los encargados de equilibrar todo el cinismo en que viven enfangados los demás. Si te entra depresión, empapela tus paredes con las caritas adorables de Tendi.
Y en mitad de todo el lío está Boimler. El pobre Boimler es quien más crece como personaje porque tiene a cada lado a lo mejor y a lo peor. Le pasa como a un amigo mío, que un profesor le decía: «Usted es weón por ósmosis.»
¡Pero se esfuerza! Se esfuerza.
Mi capítulo favorito es el 9. Presenta a la vulcana T'Lyn.
En un principio, yo llegué a tener la teoría de que T'Lyn no era como los demás vulcanos porque en realidad sería medio romulana. Su nombre se parece demasiado al de Caithlin Dar, aquella embajadora de Star Trek V: La última frontera. A lo largo del episodio 9 vemos varias referencias a esta película. En cada escenario, una referencia. Y como en el crucero vulcano no logré captar ninguna referencia, tendría sentido que T'Lyn fuera hija de Caithlin.
Pero aparentemente, era sólo mi mente calenturienta queriendo redimir Star Trek V. El nombre de T'Lyn proviene de Kathryn Lyn, la guionista de este episodio. Lleva años disfrazándose de este personaje original en convenciones, ¡y ahora es canon!
Bien por ella. Espero volver a ver a T'Lyn, porque además en el doblaje de España tiene la voz de Yolanda Mateos y le queda perfecto.
El reparto del doblaje español está muy bien elegido. Por usar un símil, me parece que actúa como un «ecualizador» del humor. O sea, en las partes más increíblemente graciosas en inglés, les falta esa chispa que tienen los humoristas y los actores de tablado. Pero en el resto de los diálogos, hacen más divertidas las partes más regulares. Se me hace muy simpático oirlos hablar en sus momentos de esparcimiento porque han trasladado los códigos norteamericanos a la cultura hispana.
O lo que queda de ella, porque la cultura norteamericana busca asimilar toda forma de vida. Da un poco de esperanza darse cuenta de que algunos chistes de Lower Decks sólo te funcionan si conoces la cultura del país al que se dirige. Esto es una serie para californianos.
Quizá por eso, por querer plegarse a modas actuales de una sola cultura, antes que Lower Decks sigo prefieriendo Star Trek: La Serie Animada.
Lower Decks es muy entretenida y estimulante, pero por la mera razón de que es comedia y tiene un presupuesto mucho mayor que The Animated Series. Enfrentar ambas es como comparar una manzana con un bollo de crema. TAS es más equilibrada y orgánica, pero crees que prefieres el bollo porque la bollería industrial tiene más azúcar. A la hora de la verdad, TAS ofrece una profundidad en sus planteamientos que multiplica la eficacia de sus chistes. Es precisamente en un ambiente más serio donde el humor se agradece más.
Mis episodios favoritos de Lower Decks —y de The Orville— son los que no parecen tan humorísticos precisamente porque ofrecen este contraste.
Además, siempre me ha entusiasmado la animación limitada. Me permite ejercitar la imaginación. Yo también aporto. Y eso me es más estimulante que miles de Lower Decks o cientos de Prodigys.
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